Exiliada en Suiza, la diseñadora vio que era el momento de volver. Comenzando, desde cero, Coco Chanel empezó a imponer, de nuevo, su particular sentido de la elegancia, creando iconos imperecederos en el mundo de la moda. En 1955, el bolso acolchado, en 1956 el traje de diseño minimalista y, por fin, en 1957 el escarpín beige con punta negra y correa elástica.
Hoy en día, su legado sigue intacto. Nadie pone en duda su maestría y su visionaria manera de vestir a la mujer. Y, seguro que, aunque no lo sepas, en tu armario, hoy, hay un gran número de piezas que le debemos a Chanel.
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El año oficial de su nacimiento es 1926. Cuentan las leyendas fashionistas que, un día, Coco Chanel acudió a la ópera y, al ver a todas las mujeres vestidas de colores, comentó: “Yo las vestiré a todas de negro y les enseñaré qué significa tener buen gusto”.
Y, la verdad, es que la diseñadora lo consiguió. El vestido de crepe negro fue bautizado como el primer “Ford de Chanel”, por ser el primer vestido producido en masa. Nadie antes había osado convertir el color del luto en sinónimo de sofisticación y elegancia.
“Una mujer con unos buenos zapatos nunca está fea”, rezaba Chanel. De ahí que pusiera especial ahínco en la creación de un accesorio que alcanzara la categoría de mito.
La combinación de colores conseguía, gracias a la punta negra, acortar el pie y, por otro lado, gracias al beige, alargar la pierna. La cinta elástica dotaba al pie de mayor libertad de movimientos y mucha más comodidad. Como ya era costumbre en ella, para conseguirlo se inspiró en la estética masculina. En los años 50, los hombres utilizaban zapatos con la punta negra para disimular las manchas que se producían mientras practicaban deportes de hierba.
Creado en febrero de 1955, se dice que Chanel se inspiró para crear este bolso en el acolchado de las sillas de montar del hipódromo de Suresnes en París. Hoy en día, sigue siendo uno de los modelos más deseados en todo el mundo.
Con la llegada de Lagerfeld a Chanel, el 2.55 se rejuveneció. El kaiser impuso ciertas transformaciones en uno de los emblemas de la casa, en tamaño e incluso en forma.
En la fabricación de cada bolso intervienen de 6 a 15 personas, cada una de las cuales ha tenido que pasar por un período de aprendizaje de varios años.
El 50 por ciento de los modelos se realizan en negro.
En 1960 la mismísima Coco Chanel eligió la camelia como emblema de su firma. Desde entonces, esta flor sigue siendo el santo y seña de la Casa. Por ello, su frabricación se hace con mimo en los talleres artesanales de Lemarié. Cada temporada, y siguiendo los “caprichos” de monsieur Lagerfeld, la camelia se declina en diferentes materiales y tamaños.
Como una vez dijo Christian Dior, con un jersey negro y un collar con diez vueltas de perlas, Coco Chanel revolucionó la moda.
Desde luego, no existe frase más acertada, porque gracias a la genial diseñadora, las perlas siguen siendo hoy en día símbolo de distinción y elegancia.
Chanel revolucionó el estilo femenino hace ya más de ochenta años feminizando piezas de vestuario hasta entonces típicamente masculinas. Una de ellas, sin duda, su mítico traje sastre.
Con su filosofía de crear ropa cómoda, Chanel se adelantó a su época creando un conjunto de chaqueta y falda de punto de lana. Este diseño se consolidó cuando reinauguró su atelier en los años 50.
Elena López Ávila | telva.com@telva.com
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